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ESTILO, Manual de estilo para los nuevos medios

Una guía viva en la red sobre los nuevos usos

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etiqueta: economía y empresa

362 ARTÍCULOS

  • ‘incurrir en gastos’, uso apropiado

    por Manual

    Se incurre en gastos solo cuando el gasto se percibe como algo negativo.

    Los medios de comunicación utilizan habitualmente la expresión incurrir en gastos como simple sinónimo de ‘gastar’, como en «De la misma forma aseguró que donde más se incurrió en gastos por concepto de indemnización fue en la nacionalización de la empresa», y no de ‘gastar indebidamente’, que es su significado preciso.

    Tanto el Diccionario académico como el Diccionario del español actual, de Seco, Andrés y Ramos, definen el verbo incurrir como ‘caer en un error o falta’ (incurrir en delito) y ‘pasar a ser objeto de una actitud o sentimiento desfavorable’ (incurrir en sospecha), es decir, el complemento siempre tiene que referirse a un concepto que incluya un sentido negativo.

    Por lo tanto, son adecuadas frases como «Se expone que la petrolera incurrió en gastos que superaban su capacidad institucional» o «Incurrió en gastos excesivos en sobresueldos y dietas».

    Sin embargo,  en el ejemplo inicial lo apropiado habría sido escribir «De la misma forma aseguró que donde más se gastó por concepto de indemnización fue en la nacionalización de la empresa», pues en este caso el gasto no encierra matiz negativo.

  • ‘externalización’, palabra adecuada en español

    por Manual

    Externalización es un término adecuado para describir el  hecho de que una empresa confía parte de su actividad o su producción a otras empresas externas.

    En las noticias se usan con cierta frecuencia esta palabra y el correspondiente verbo externalizar, como muestran los siguientes ejemplos: «Los sindicatos denuncian ante Trabajo la externalización de servicios hoteleros» y «El grupo ha externalizado la impresión de los diarios».

    El Diccionario de la Academia todavía no incluye esta palabra, pero sí la recoge, entre otros diccionarios, el Pequeño Larousse ilustrado con el sentido indicado y su uso puede considerarse apropiado.

    Un caso especial de externalización es la subcontratación, es decir, la externalización de la actividad propia, de modo que los servicios que alguien contrata a una empresa son ejecutados total o parcialmente por otra empresa contratada por la anterior; en algunas zonas de América se llama tercerización, vocablo también válido que alude a la intervención de un tercero para la prestación de servicio.

    En ocasiones se emplea el término inglés outsourcing, pero lo apropiado es usar las palabras españolas externalizacióntercerización, que además tienen amplio uso.

  • ‘menudeo’, alternativa a ‘smurfing’

    por Manual

    La palabra menudeo se puede aplicar a ciertas operaciones financieras ilícitas que se efectúan en cantidades pequeñas para que no sean registradas o para no levantar sospechas, y es preferible al anglicismos murfing o al coloquialismo pitufeo.

    El Diccionario académico define menudear como ‘hacer y ejecutar algo muchas veces, repetidamente, con frecuencia’, y en la práctica este término, así como el correspondiente sustantivo menudeo, suele llevar asociada la idea de algo que se hace en cantidades menudas o pequeñas, en especial en el ámbito comercial, donde se habla de venta al menudeo.

    Sin embargo, tanto smurfing como pitufeo están apareciendo a menudo en noticias relacionadas con el blanqueo de capitales, como en «Se dice que usaba el método del ‘pitufeo’, es decir, de ir sacando el capital en pequeñas cantidades» y «Le llamó la atención porque según la investigación del blanqueo de capitales se utiliza el ‘smurfing’», donde habría sido preferible optar por menudeo.

    El término inglés smurfing se ha formado a partir de smurf, nombre aplicado en esa lengua a los personajes de historietas conocidos en español como pitufos, y de ahí las adaptaciones de pitufeopitufear, voces que no son censurables, pero que es mejor evitar en la lengua formal y la periodística.

    Otra posible adaptación, usada en ocasiones, es fraccionamiento, también válida, aunque menos precisa.

  • ‘precariado’, neologismo válido

    por Manual

    Precariado es un neologismo válido, respetuoso con las normas académicas sobre formación de palabras, que puede definirse como sector social que se ve sometido a inestabilidad e incertidumbre laboral prolongadas y que no percibe ingresos o estos son bajos’.

    De origen incierto, puede considerarse un acrónimo de precario proletariado, opción mayoritaria en otros países, o interpretarse simplemente como un sustantivo derivado de precario, del mismo modo que a partir de proletario, voluntario o notario se crean proletariado, voluntariado notariado con idea de clase, conjunto o colectivo, de acuerdo con las definiciones del Diccionario académico.

    En España, el precariado engloba un sector social constituido por personas de muy diversa condición y que no pertenecen necesariamente al proletariado, como desempleados, universitarios con salarios mínimos y contratos temporales, nativos o inmigrantes empleados sin contrato, jubilados con pensiones mínimas, jóvenes sin recursos para acceder a una vivienda o parejas sin medios para formar una familia.

  • ‘se ficha a un jugador’, no ‘se le firma’

    por Manual

    Firmar a un jugador equivale a ‘ponerle una firma’, no a ficharlo, que es la forma adecuada de expresar que se le contrata.

    El Diccionario académico define firmar como ‘dicho de una persona: Poner su firma’, y fichar como ‘contratar a un deportista para que forme parte de un equipo o club, y, por extensión, a una persona para que desarrolle otra profesión o actividad’, de modo que firmar a un jugador equivale a decir que quien lo contrata estampa su firma en él.

    Se firma una carta, un autógrafo o un libro, pero no se firma a un defensa o a un directivo; a estos últimos se les ficha o contrata, aunque, si se quiere usar el verbo firmar para aludir al acuerdo contractual entre el profesional y el club o la empresa, se puede expresar diciendo que un jugador firma por un club o un ejecutivo por una multinacional.

    Es, sin embargo, bastante habitual en el periodismo deportivo, especialmente en el audiovisual, oír frases como «El Arsenal firma a Monreal», «Se confirma que el club bávaro ha firmado al central internacional» o «La Premier, entusiasmada por firmar al ariete español».

    En todos estos casos, lo adecuado habría sido usar verbos como fichar contratar.

  • ‘multa económica’, construcción redundante

    por Manual

    La construcción multa económica es redundante porque la palabra multa ya incluye el significado de ‘sanción económica’.

    Multa se recoge en el Diccionario académico como ‘sanción administrativa o penal que consiste en la obligación de pagar una cantidad determinada de dinero’, por lo que —salvo que se quiera indicar que se trata de una multa de baja cuantía— resulta redundante en la expresión multa económica.

    Es habitual, sin embargo, leer y escuchar en los medios de comunicación noticias como «Durante un tiempo parar en doble fila se sancionaba con una multa económica de 200 euros», «La sanción a un bar de copas de la zona del Coca ha concluido con una multa económica de 40.000 euros» o «Valverde ha decidido dejar finalmente en multa económica la sanción al argentino».

    En todos estos casos, habría bastado con escribir multa.

  • ‘desestacionalizar’, verbo válido

    por Manual

    Desestacionalizar, que se usa en economía con distintos significados, es un término adecuado, pues deriva de estacional y respeta las normas académicas sobre formación de palabras.

    Por una parte, este verbo puede encerrar el sentido de ‘fomentar un sector o negocio típicamente vinculado a una estación, como la venta de helados o turrones, de manera que su actividad se amplíe más allá de su temporada alta y logre desarrollarse durante todo el año’.

    Por otra, en estadística, desestacionalizar se utiliza con el significado de ‘calcular un dato filtrando variables que presentan patrones cíclicos de comportamiento en periodos específicos a lo largo de varios años’, como el repunte de contrataciones temporales de los centros comerciales en la campaña de Navidad.

    En este cómputo, a menudo se prescinde de los llamados efectos de calendario, esto es, de la estructura particular de un mes o un trimestre,  como la fecha específica en que caen los festivos de Semana Santa, a veces en marzo y otras en abril.

    Derivado a partir del adjetivo estacional, que a su vez remite al sustantivo estación, se trata de un vocablo respetuoso con las normas de la Gramática sobre formación de palabras, y su uso, por tanto, es perfectamente válido, pese a que aún no aparezca recogido en los diccionarios académicos ni de uso, y solo den constancia de él lexicones especializados en economía, como el de Ramón Tamames.

    Así pues, se consideran apropiadas frases como «Iniciativas para desestacionalizar el turismo» o «1802 parados menos que el valor desestacionalizado del paro registrado en enero», donde desestacionalizar se escribe en redonda, sin ningún tipo de resalte.

  • ‘milmillonario’, mejor que ‘billonario’

    por Manual

    La palabra milmillonario es la adecuada para referirse en español a lo que en el inglés de los Estados Unidos se conoce como billionaire, ya que alude a personas cuya fortuna es superior a los mil millones de dólares, libras, euros u otra moneda.

    Sin embargo, con motivo de la publicación en la revista Forbes de la lista de los hombres más ricos del mundo, es frecuente encontrar en los medios frases en las que el término billionaire se traduce al español como billonario: «Amancio Ortega, tercero en la lista anual de billonarios de Forbes» o «Repuntan los billonarios colombianos en la lista».

    La confusión se debe al error de traducir la expresión del inglés norteamericano one billion por la española un billón, cuando se trata de cantidades muy diferentes. One billion es 1 000 000 000, una cifra que en español es un millardo, o más comúnmente, mil millones, mientras que un billón español es 1 000 000 000 000, es decir, un millón de millones.

    Dado que en la lista de Forbes ingresa quien tenga una fortuna igual o superior a mil millones de dólares y no igual o superior a un billón de dólares, lo más adecuado y preciso es llamarlo milmillonario, que se escribe en una sola palabra.

    Así, en los ejemplos anteriores lo aconsejable habría sido escribir «Amancio Ortega, tercero en la lista anual de milmillonarios de Forbes» o «Repuntan los milmillonarios colombianos en la lista».