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ESTILO, Manual de estilo para los nuevos medios

Una guía viva en la red sobre los nuevos usos

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etiqueta: deportes

287 ARTÍCULOS

  • ¿Entrar o salir al terreno de juego?

    por Manual

    El telespectador que se incorpora despistado a la transmisión de un partido y oye que fulano va a salir al terreno de juego preguntará automáticamente: «¿Sale o entra?». «Sale, sale, quiero decir, entra». Y ya con esto queda todo meridiano.

    En realidad, el aficionado suele interpretar correctamente este galimatías, aunque procura por si acaso encontrar confirmación en el televisor. Allí, en el margen inferior de la pantalla, aparecerán rótulos con flechitas apuntando a izquierda y derecha, unas rojas y otras verdes, así como los nombres de los futbolistas y alguna referencia a los dorsales; a saber, cualquier ingenio para disipar la bruma lingüística de intercambiar salir y entrar como si fuesen sinónimos.

    No es el caso. Y sus sustantivos correspondientes así lo indican: no es lo mismo responder a un comentario ocurrente con «¡Menudas salidas tienes!», donde se ensalza la chispa y viveza del interlocutor, que oír a una mujer decirte «¡Menudas entradas tienes!», en cuyo caso el interpelado tenderá a convencerse de que la calvicie es sexi.

    En el fondo, ambas opciones son correctas y todo es cuestión de perspectiva y uso de preposiciones: el suplente sale del banquillo, con la preposición de, que expresa el punto de partida, pero sale al campo, con la preposición a, para expresar el destino; por su parte, el titular sale del campo, con la preposición de, como se sale de la propia ciudad —derbis al margen— para disputar los partidos fuera de casa.

    Respecto a entrarel suplente entra en el terreno de juego, con la preposición en, o, tal como indica el Diccionario panhispánico de dudasentra al campo, habitual en América (también se repite mucho y está aceptado ese latiguillo extraño de salta al terreno de juego, por más que no se aprecien brincos, como indicaba hace años Fernando Lázaro Carreter). Por fin, aunque no falta en absoluto a la corrección, es menos frecuente decir que el titular entra en el banquillo en el vestuario, para lo cual suele afirmarse que toma asiento en uno o se dirige al otro.

    Todas estas combinaciones son adecuadas y puede darse el caso, por lo tanto, de que un suplente primero salga al campo a sustituir a un compañero (salga por él) y después salga del campo debido a una lesión, como le ocurrió hace escasas jornadas a Coentrão —con virgulilla sobre la a— en el partido entre el Real Madrid y el Villarreal.

    Como se ve, las preposiciones no se utilizan al tuntún. Al contrario, hay que salir al paso de semejantes afirmaciones sin fundamento. Lo normal es que cada una exprese matices distintos y hasta significados totalmente diferentes, de modo que lo aconsejable es emplearlas con criterio, no así como así, por desembarazarse de ellas, esto es, por salir del paso.

  • los azulgranas, mejor que los azulgrana

    por Manual

    La palabra azulgrana puede ser sustantivo, y entonces su plural es azulgranas, adjetivo, como en jugador azulgrana, cuyo plural más documentado en la actualidad es jugadores azulgranas, aunque se admite también jugadores azulgrana.

    En los medios de comunicación se encuentran a menudo frases como «El espectáculo alcanzó su cenit cuando los azulgrana afinaron la puntería», «El encuentro de Sevilla marcó el punto de inflexión de los azulgrana» o «A pesar del ambiente revuelto en los últimos días, nada parece haber afectado a los jugadores azulgrana».

    El Diccionario panhispánico de dudas señala que los nombres de color forman el plural regularmente cuando funcionan como sustantivos: los rosaslos marfiles los grises. Aplicado al fútbol, lo apropiado será decir los blancoslos azulones, los azulgranas o los blanquivioletas.

    Si funcionan como adjetivos y el nombre designa únicamente un color, el plural también es regular (los jugadores blancoslos jugadores azulones), mientras que, si el nombre designa primariamente una flor, un fruto o un objeto, como sucede en el caso de la grana y la violeta, lo más frecuente en la actualidad es optar por la concordancia en plural, aunque también se emplea el plural invariable.

  • Árbitros a la nevera

    por Manual

    Mandar a un árbitro a la nevera viene a ser como mandar a un crío de seis años al rincón de pensar: el niño suelta el silbato con el que llevaba media hora martirizando a sus progenitores, avanza arrastrando los pies hacia la zona de castigo, se rasca quizá una sien; cara a cara contra la pared, desenfunda un rotulador oculto y se pregunta: «Y yo… ¿yo qué pinto aquí?».

    Más tarde o más temprano, sabemos que la volverá a liar. Está en la naturaleza de los niños improvisar trastadas, agarrar una pieza de LEGO y concluir que es una ocurrencia brillante escondérsela en un agujero de la nariz para fruición de los padres.

    Del mismo modo, el colegiado que completa una actuación tan desafortunada como para que el Comité Técnico de Árbitros tenga que mandarlo a la nevera, probablemente repetirá errores sonados, como si también él, en la aplicación del reglamento —al igual que el niño usando sus piezas de construcción—, fuese lego.

    Así que se arma la marimorena y para ‘sancionar a un árbitro’ se dice aquello de mandarlo a la nevera: «Ayza Gámez, un mes a la nevera» o «Muñiz Fernández, seis jornadas en la ‘nevera’».

    Como se ve, esto del destino frigorífico genera cierta duda: ¿se escribe con resalte o puede ir sencillamente en letra redonda? Argumentos existen para defender ambas opciones.

    Por un lado, el resalte quedaría justificado porque recurrir a una nevera como medida de escarmiento, tomado el sustantivo literalmente, parece cosa extraña: ¿quién en sus cabales, al descubrir una berenjena o una zanahoria en mal estado, decidiría cobijarla en la nevera un mes, a ver si al sacarla la hallaba lozana cual Aldonza? ¿Por qué, entonces, guardar en la nevera a un colegiado pocho?, ¿para conservarlo así?

    Por otra parte, si el trencilla pretende imponer autoridad a fuerza de tarjetas y se solivianta enseguida, quizá sí suponga una cura mandarlo a una nevera, donde enfriará sus ánimos.

    En cualquier caso, este giro se halla tan extendido en el ámbito futbolístico que puede interpretarse como una locución ya fijada, por más que no se encuentre aún en los diccionarios principales. Por eso, porque está asentada y cualquier aficionado la entiende sin dificultad, la opinión de quien escribe es que no precisa de cursivas ni comillas, de las cuales podría haberse prescindido en el segundo de los ejemplos anteriores.

    En concreto, mandar, dejar o poner algo o a alguien en la nevera significaría ‘suspenderlo temporalmente como medida sancionadora o cautelar o para posterior consideración’. Se trata de un giro coloquial, que podría alternar con poner al árbitro en cuarentena.

    De una forma u otra, lo importante es que los árbitros afinen el ojo y el criterio. Sin duda, también sería justo destacar con grandes titulares sus actuaciones sin tacha y alternar así reproches con refuerzos positivos.

    Y, por supuesto, sería de agradecer que los jugadores no se enzarzaran en rifirrafes continuos ni simulasen agresiones ni se echaran mocos ni se intercambiaran insultos ni se escupieran ni se pisaran manos o muslos por lo bajini.

    Sí, lo natural y loable sería que se comportaran como deportistas y no como meros perseguidores de triunfos, caiga quien caiga, olvidando a menudo que son ídolos sociales, modelos de conducta para nuestros hijos. El fútbol, para ser un espectáculo, depende de muchas piezas y, si no se cuenta con la colaboración de los futbolistas, la tarea de los árbitros, legos o no, será cualquier cosa menos un juego de niños.

  • Luis Aragonés, campeón de entrenamientos

    por Manual

    Luis Aragonés manteado por los jugadores tras conquistar la Eurocopa 2008, Luis Aragonés campeón de la Copa del Rey y de la Liga como jugador del Atlético de Madrid, Luis Aragonés marcando el estéril gol de la final de la Copa de Europa contra el Bayern de Múnich, Luis Aragonés campeón de la Intercontinental como entrenador del Atlético de Madrid…

    La lista de fotografías y titulares dedicados al Sabio de Hortaleza colma las portadas de los diarios nacionales y salta a la prensa extranjera para honrar la figura de un ídolo colchonero, para despedirse del entrenador —como tantas veces se ha repetido— que cambió la historia del fútbol español.

    Cuando un referente se muere (cuando muere cualquier persona, en realidad), parece inevitable aferrarse a sus hitos biográficos, a sus logros más destacados y a sus decisiones o frases más controvertidas: él fue quien apartó a Raúl de la Roja y de su boca salió el «Usted es mejor que ese negro» que tanto revuelo causó, pese a que negro es Henry, sin ofensa alguna, conforme a la tercera y naturalísima acepción del Diccionario académico.

    Se muere un grande de la historia del balompié español. Así lo demuestran sus gestas. Pero Stefan Zweig, en sus Momentos estelares de la humanidad, señala que esos instantes memorables de la historia, así como los destellos de genialidad de un artista, están siempre rodeados de innumerables décadas, aventuras, novelas, sinfonías, cuadros completamente anónimos y anodinos.

    Lo sobresaliente, para destacar, necesita de un fondo que pase inadvertido, sin el cual no es posible establecer contrastes.

    Pese a esa tendencia natural a querer cifrar una vida entera en un puñado escaso de fechas señaladas; pese al impulso de resumir con etiquetas manejables los setenta y cinco años de Luis Aragonés; pese a todas sus glorias, en definitiva, si se quiere ser fiel a la suma de sus alientos vitales, probablemente también habrá que destacar sus rutinas triviales, los hábitos que lo definieron como hombre, sus manías cotidianas, a saber, ¿tendría acaso una tienda favorita en la que compraba sus chándales?

    Por eso, porque no solo de momentos hazañosos se vive, la presente crónica pretende ser un homenaje a los días invisibles de este trotabanquillos de los equipos españoles. En concreto, más allá de todos sus éxitos y batacazos, Luis Aragonés dedicó un sinfín de horas sin memoria a los entrenamientos, ya fuera como jugador o como míster, sustantivo que ha de escribirse con tilde y en minúscula: «Gracias, míster, nunca podré agradecerte todo lo que hiciste por mí», ha escrito Fernando Torres.

    Desde aquí, entonces, desde este rincón de reflexión lingüística sobre el lenguaje deportivo, a modo de tributo a ese día a día escurridizo de entrenar y más entrenar, valga simplemente el recordatorio de que el Diccionario académico admite el sustantivo entrenoaunque prefiere el habitual entrenamiento.

    Por ilustrar este patrón con otros dos ejemplos, lo mismo ocurre con los verbos adelantar y atrasar, a partir de los cuales es posible crear los sustantivos adelantoatraso junto con adelantamientoatrasamiento.

    Por otra parte, tradicionalmente se ha distinguido entre las formas entrenarentrenarse, de modo que solo quien está al mando de un equipo entrena, mientras que los jugadores de dicha plantilla se entrenan, con se. El Diccionario panhispánico de dudas, no obstante, señala que también resulta ya admisible que los futbolistas entrenen, sin el pronombre se antepuesto.

    Así pues, los redactores aciertan al escribir «Luis Aragonés entrenó ocho equipos en Primera División» y «El Atlético se entrenó con la bandera a media asta», mejor que «El Atlético entrenó con la bandera a media asta», opción esta no censurable, pero menos afortunada.

    El camino es la meta, dicen los sabios orientales, y entrenar fue el éxito ordinario del Sabio de Hortaleza, con mayúsculas y sin necesidad de comillas. Por consiguiente, tanto acertará quien asegure que Luis Aragonés ha sido entrenador de campeones como quien afirme, en fin, que se trata de todo un campeón de los entrenamientos. Descanse en paz.

  • Efectivos en ataque

    por Manual

    Superada la gala del Balón de Oro, con su foco en la excelencia de futbolistas como Ronaldo, Messi o Ribéry, la atención informativa se centra de nuevo en los equipos, en los colectivos; por ejemplo, en los pinchazos del Barcelona y el Atlético de Madrid esta última jornada.

    Futbolistas y equipos, colectivos e individuos: ¿a qué dar prioridad? Todo entrenador, si desea cosechar éxitos, ha de conocer las fortalezas y debilidades de sus futbolistas. A partir de ahí, procurará un equilibrio armonioso entre el sistema táctico propuesto al conjunto y la libertad personal que permite a un jugador talentoso embarcarse en una galopada no prevista en los entrenamientos o probar una pared o una cola de vaca que tampoco se hallaban en la pizarra.

    Individuo colectivo, en fin, están íntimamente relacionados. Tal vez por eso el sustantivo colectivo efectivo se emplea hace tiempo para referirse a individuos: «Sin ellos, el Málaga solo tiene a dos efectivos en ataque», «Con Marko Marin, el técnico sevillista recupera a uno de sus mejores efectivos en ataque» o «El Levante se va hacia arriba, pero le faltan efectivos en ataque».

    En principio, según el Diccionario panhispánico de dudas, se trata de un uso inadecuado, pues efectivo es sustantivo colectivo (perdón por la cacofonía) y significa ‘número de hombres que tiene una unidad militar’, no ‘individuo componente de un efectivo’.

    Conforme a la Academia, por tanto, es correcto escribir «Preparan un efectivo de 7500 militares», pero no «Preparan 7500 efectivos», y en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido optar por variantes como «Sin ellos, el Málaga solo tiene a dos delanteros», «Con Marko Marin, el técnico sevillista recupera a uno de sus mejores atacantes» y «El Levante se va hacia arriba, pero le faltan jugadores de ataque».

    Ahora bien: dada la extensión y aceptación crecientes de este empleo, y comoquiera que todo idioma es también patrimonio colectivo, es probable que en un futuro no lejano termine aceptándose y, de hecho, el Diccionario del español actual, de Seco, Andrés y Ramos, ya recoge dicho uso, aunque marcado como semiculto.

    Cabe recordar, por último, que ya existen otros pares análogos, en los que coinciden los significados colectivo e individual: el sustantivo defensa alude a toda la línea zaguera, pero también a cada uno de sus componentes; la delantera de un equipo femenino la forman sus delanteras individuales, y jurado, por poner un último ejemplo, puede designar tanto al conjunto de personas elegidas por sorteo para enjuiciar determinados delitos como a cada una de esas personas. Y eso por no hablar de la Jurado, acabáramos, que como coplera fue tan aclamada como el mismísimo Ronaldo en la última gala del Balón de Oro.

  • La exigente Liga BBVA

    por Manual

    Melchor, Gaspar y Baltasar han dejado a los seguidores de la Liga BBVA un regalo que podrán disfrutar el próximo fin de semana:  lo que promete ser un magnífico partido entre el Atlético de Madrid y el Barcelona. Cualquier buen aficionado al fútbol pediría en su carta a los Reyes una entrada para presenciar este enfrentamiento.

    Lo que difícilmente haría nadie es exigir dicha entrada, y eso por más que enviase la carta certificada o hasta por burofax, pues los regalos, como la espontaneidad, la fe, el sueño o el amor, no admiten someterse a reclamos imperiosos.

    De acuerdo con el amenísimo libro Lo que Sócrates diría a Woody Allen, de Juan Antonio Rivera, se trata de objetos o metas que cuanto más se persiguen más nos rehúyen.

    No todo puede exigirse y, sin embargo, en las noticias deportivas cunde un uso novedoso —no censurable, pero que merece reseñarse— del verbo exigir: «Guaita sacó una mano prodigiosa a disparo de Pedro León, pero apenas se vio exigido por algunos balones aéreos» o «El Barcelona juega frente a un Betis muy exigido».

    Conforme a estos ejemplos, tanto Guaita como el Betis estaban exigidos, estructura extraña de primeras, pues lo habitual es exigir algo a alguien, con aquello que se exige como complemento directo explícito y la persona a la que se exige ese algo como indirecto. Es decir, lo ortodoxo sería afirmar que algunos balones aéreos exigieron intervenir a Guaita y que la mala clasificación del Betis le exigía puntuar, donde intervenir puntuar funcionan como complementos directos y a Guaita le (en alusión al Betis) como indirectos.

    Pero ¿estarverse alguien exigido, así sin más, sin especificar qué se le está pidiendo imperiosamente a uno?, ¿convertir a la persona misma en exigida? Así puede oírse en las ondas y leerse en los periódicos. Y con tanta frecuencia que el Diccionario de americanismos, de la Asociación de Academias de la Lengua Española, recoge exigido como adjetivo con el significado de ‘referido a persona, a un animal o a una máquina, sometido a un gran esfuerzo o rendimiento’.

    Puede interpretarse, pues, que Guaita se vio sometido a un gran esfuerzo para despejar o placar esos balones aéreos y que el Betis iba a necesitar rendir a gran altura para puntuar contra el Barcelona.

    Según la Academia, en definitiva, es aceptable estar exigido.

    Por supuesto, también podría haberse escrito que Guaita apenas tuvo que emplearse a fondo en un par de balones aéreos o que tan solo un par de balones aéreos pusieron a prueba a Guaita; en cuanto al Betis, podría haberse dicho que estaba muy presionadoapremiado u obligado a puntuar, o necesitado de puntos, siempre hay alternativas estilísticas y este espacio invita a considerarlas.

    En este sentido, para ir terminando, dice Rafael Alvira que «el que invita necesariamente tiene algo para dar, para entregar, por eso invita. Pero, al mismo tiempo, desea y espera la respuesta, la aceptación. La invitación no se impone. De ese modo, el que tiene ruega, el rico se hace pobre, no se limita a dar, espera, atiende la respuesta. [...] Lo que pretende, sin duda, toda invitación no es simplemente dar recibir, sino suscitar un diálogo».

    Para eso estamos: primero hablan los jugadores con el balón en los pies, después toman la palabra los locutores y redactores, a continuación llegan estas crónicas con invitaciones lingüísticas —que no exigencias— y de nuevo la pelota echa a rodar sobre el césped de la Liga BBVA. En esta jornada —y esto sí será cita forzosa—, el diálogo partirá del Vicente Calderón.

  • Ultras Sur, mejor que Ultra Sur o Ultras-Sur

    por Manual

    Ultras Sur, separado y con la primera palabra en plural, y no Ultra Sur ni Ultras-Sur, es la denominación de este grupo de aficionados radicales del Real Madrid, tal como indica su propia página oficial.

    Con motivo de la reorganización de una parte de las gradas del estadio Santiago Bernabéu, en los medios informativos pueden leerse frases como «Florentino acaba con Ultra Sur», «El Real Madrid ha hecho oficial este jueves la desaparición oficial de la peña radical Ultra Sur» o «Desaparece Ultras-Sur», donde lo apropiado habría sido escribir Ultras Sur.

    Por otra parte, para referirse a un miembro de este grupo, se emplea frecuentemente el sustantivo común ultrasur, junto y con una sola ese, cuyo plural, según el diccionario Clave, permanece invariable, los ultrasur: «El Real Madrid ‘se carga’ a los ultrasur», aunque también puede considerarse válido el plural regular los ultrasures.

  • el equipo che, sin tilde, mejor que el equipo ché

    por Manual

    La voz che, que el Diccionario de la lengua española recoge como interjección propia de Valencia y algunos países de Hispanoamérica ‘para llamar, detener o pedir atención a alguien, o para denotar asombro o sorpresa’, se escribe sin tilde en la e.

    Pero che también se usa como sustantivo y adjetivo con el significado de ‘valenciano, na’, especialmente en España y en el ámbito del fútbol, y así lo recogen diccionarios como el María Moliner y el Diccionario del español actual de Seco, Andrés y Ramos; su plural es ches y por ser un nombre común plenamente asentado en nuestro idioma se escribe con minúscula y no requiere cursiva ni comillas para resaltarlo.

    Es bastante habitual, sin embargo, ver escrito este valencianismo en los medios de comunicación, en especial en los deportivos, con tilde, pero también entre comillas o con mayúscula: «La cantera ché golea al Burjasot», «Los Ché no sentencian y Mikel Rico no perdona» o «Jonas se empeña en mantener a Djukic como técnico “ché”».

    En todos estos casos lo apropiado habría sido escribir che sin tilde, en redonda y con minúscula: «La cantera che golea al Burjasot», «Los ches no sentencian y Mikel Rico no perdona» y «Jonas se empeña en mantener a Djukic como técnico che».

    Conviene recordar, por último, que tampoco lleva tilde el alias de Ernesto Che Guevara.